Mente y cuerpo

El poder de los pensamientos sobre el cuerpo

Cuando una persona está frente a una presencia agradable, o disfrutando de un estímulo positivo, su cerebro segrega dopamina, oxitocina y una serie de sustancias que le dan salud a las células. Lo propio ocurre cuando el estímulo es negativo, causando miedo, ira o cualquier otra emoción destructiva.

El organismo desarrolla diariamente una tarea titánica: producir cientos de billones de células nuevas para sustituir a las que mueren. También tiene que defenderse de miles de elementos patógenos que amenazan la salud. Si tu cuerpo siente que tiene que luchar cada día contra estímulos altamente negativos del entorno, ocupará toda su energía en ello y dejará de lado esas otras funciones de crecimiento y protección. La consecuencia: enfermas más fácilmente

El efecto placebo ha sido estudiado en diferentes circustancias y los resultados respaldan su influencia sobre nuestra percepción corporal.

Estos placebos son la prueba fehaciente de que la influencia de los pensamientos -en le caso del efecto placebo: expectativas- puede ser muy poderosa: crees que te curará y la intensidad de los síntomas remite

las nuevas medicinas se orientan más a equilibrar la energía, que a modificar químicamente el cuerpo. Parten de la idea de que los procesos de enfermedad se desencadenan por desequilibrios energéticos.

Esos desequilibrios muchas veces vienen dados por programaciones hacia pensamientos negativos, que traemos desde la infancia. Puede que conscientemente te convenzas de que debes pensar de otro modo y, sin embargo, algo en el fondo te impide que lo hagas. Así que lo que se debe cambiar no son los pensamientos conscientes, sino toda esa programación inconsciente que cargamos desde los primeros años. Es la manera de suscitar cambios que favorezcan la salud mental y, por tanto, la salud física.

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